lunes, 11 de marzo de 2013

Breve historia del masaje

Hoy inicia su andadura esta libreta virtual. Nace para anotar a la vista de todos apuntes sobre el masaje y otras técnicas y terapias naturales.  ¿En qué consisten? ¿Cómo funcionan? ¿Cuál es su base fisiológica? A estas y muchas otras preguntas se irá dando respuesta aquí. ¡No dudéis en hacer preguntas y sugerencias sobre el contenido! Y qué mejor manera de inaugurar este blog que haciendo un breve repaso de la historia del masaje.

Cuando te levantas por las mañanas y te frotas los ojos, eso es masaje. Cuando tienes las manos frías y las frotas para calentarlas, eso es masaje. Cuando recibes un golpe y te llevas las manos a la zona para aminorar el dolor, eso es masaje. Una definición amplia y concisa es que masaje es todo contacto que alivia un malestar. Y no sólo físico, también mental. Si alguien está agitado, el simple hecho de tocarle con delicadeza empieza a apaciguarlo. Si alguien está triste o asustado, un abrazo será reconfortante. Esto también es masaje. Hay masajes representados en pinturas rupestres de 15.000 años de antigüedad.

Reflexología podal y manual en el Antiguo Egipto.
Estos gestos que todo el mundo conoce y practica por instinto hicieron pensar a la gente antigua en el poder del contacto. Si algo tan sencillo era beneficioso, ¿adónde se podría llegar estudiando el asunto y refinando una técnica? El masaje se convirtió en un arte depurado dentro de la medicina y surgieron los masajistas profesionales. En China y la India los registros documentados hablan de unos 5.000 años. En Sumeria, 4.000. El Antiguo Egipto nos ha dejado dibujos de masajes y reflexología, y difundieron este conocimiento entre helenos, persas y romanos. En Grecia Hipócrates prescribió masajes, que se popularizaron con los atletas olímpicos. La autoridad indiscutible en Oriente es el Emperador Amarillo con su impresionante canon médico, una compilación enorme editada en el 200 antes de Cristo aproximadamente.

Roma aprendió de los griegos y mantenía con masajes la ferocidad de sus gladiadores; Galeno, médico personal de Marco Aurelio, fue otro entusiasta practicante del masaje. Julio César trataba sus neuralgias con masaje, así como Plinio su asma. En el imperio árabe Avicena se basa en Galeno y el Extremo Oriente para estudiar y divulgar las propiedades del masaje e incorporarlo a su medicina. En el frío norte, rusos y vikingos desarrollan sus propios masajes unidos a las saunas.

La ciencia europea sufre un estancamiento masivo en la Edad Media. En el Renacimiento resurge, los viejos tratados se desempolvan y durante los próximos cinco siglos, hasta hoy, el masaje florece, se aborda desde perspectivas diversas —desde lo científico a lo místico— y aparecen grandes investigadores, practicantes y escuelas variadas. Paracelso empieza a redescubrir las técnicas manuales y es Paré, en el s. XVI, quien da un enorme impulso al masaje al integrarlo en su praxis. Llega a ser el médico de cuatro reyes de Francia. Al mismo tiempo, Mercurialis escribe un importante tratado en Italia. Mary Stuart, la Reina de los Escoceses, se une a la moda y se trata con masajes.

Más tarde, en el XIX, el sueco Ling viaja por Francia, Alemania y China y vuelve con grandes incorporaciones de las técnicas orientales. Este maestro de gimnasia y esgrima se pasa al masaje y funde estilos, generando el “masaje sueco”. Suecia y su escuela siguen siendo un referente. El último gran tótem es James Cyriax, británico; murió en 1985 y de sus teorías ha surgido el masaje transverso profundo.