viernes, 15 de marzo de 2013

Efectos del masaje

¿Cómo o por qué funciona el masaje? ¿Qué efecto tiene en cada tipo de tejido? Yendo a la esencia y generalizando, la acción del masaje es una en concreto que repercute en todo el organismo. Pero veámoslo por partes:

Músculos. Al hablar de masajes y músculos siempre salen a relucir dos palabras: tensión y descarga. El músculo está fatigado, contracturado, tenso, agarrotado o expresiones similares. Son expresiones correctas, pero muy generales y poco fisiológicas. A fin de cuentas, un gran porcentaje de los problemas musculares se reducen a lo mismo, sin importar la forma patológica que tomen (tendinitis, contracturas, el simple cansancio…). La base de estas alteraciones es la isquemia y el descenso del metabolismo celular.

La isquemia es, sencillamente, un tráfico sanguíneo insuficiente a nivel celular que provoca falta de oxígeno (hipoxia), falta de nutrientes, y acumulación de toxinas y sustancias de desecho que deberían haberse movido a otro lugar. Sin los nutrientes adecuados las células no pueden realizar sus funciones. El magnesio es imprescindible para que los músculos se relajen, y el déficit de varios otros minerales hace imposible que las fibras vuelvan a su posición de descanso.
Cuando el organismo funciona bien, la sangre deposita en el tejido conectivo oxígeno, minerales y nutrientes suficientes para que las células vivan y funcionen cómodamente. Asimismo, los subproductos y toxinas pasan de la misma forma a la sangre y el sistema linfático. Este equilibrio se rompe cuando no hay nutrientes suficientes (mala dieta, digestión o absorción), cuando no llegan (sistema circulatorio alterado, traumatismos, actividad física excesiva) y cuando hay más toxinas de las que el sistema linfático puede limpiar (de nuevo mala dieta, cremas y lociones con componentes inadecuados, disfunciones linfáticas). Entonces comienza el proceso isquémico.

Y la isquemia es un círculo vicioso. Los tejidos mal nutridos y/o intoxicados tienden a inflamarse, engrosarse, deshidratarse y perder elasticidad. El pH se altera. Tampoco pueden relajarse. Esto genera una compresión extra en los capilares, con lo que se entorpece más aún la nutrición y la higiene, y esto degenera aún más el tejido… y así hasta que la persona nota molestias.

La intensa manipulación muscular durante un masaje los llena y vacía de sangre varias veces. Al ser movimientos pasivos, esto es, realizados por el masajista y no por el paciente, no hay ni consumo de nutrientes ni generación de desechos como en el ejercicio activo. Se rompe el ciclo isquémico, los tejidos reciben grandes dosis de oxígeno y sales y se desintoxican profundamente. El paciente lo experimenta como descanso, relax, bienestar y un aumento de la movilidad y salud muscular. Este es el gran poder del masaje, capaz de repercutir en todos los tejidos.

Huesos. El masaje no actúa directamente sobre los huesos, pero de forma colateral mejora su metabolismo ya que aumenta la irrigación sanguínea. Mantener la salud del tejido blando previene la degeneración del tejido óseo. Donde el masaje sí tiene un gran efecto es en las articulaciones, entendiendo estas no como huesos, sino como el conjunto funcional de huesos, tendones, cartílagos y ligamentos.

Tendones y ligamentos. Estos tejidos son más duros que la fibra muscular y se comportan de otra manera. Sufren la isquemia igual que los músculos, pero en este caso el cuerpo considera que es vital reforzarlos y asegurarse de que no se rompan. Para esto envía calcio. La mineralización o calcificación endurece el tendón, lo que lo vuelve más rígido y menos elástico, es decir, se reduce la movilidad. Si la situación se prolonga el calcio empieza a depositarse en gránulos o arenillas pudiendo llegar, en varios años, a formar adherencias, osteofitos, espolones, artritis o artrosis. Se puede considerar que la tendinitis, la tendinosis, la artritis y la artrosis son, en este orden, la evolución a lo largo de los años de un mismo cuadro.

El masaje aporta técnicas y herramientas específicas para el drenaje y descarga de la vaina tendinosa. La calcificación tiene mal remedio con las terapias manuales una vez que ha comenzado. El masaje puede prevenir, estancar y proporcionar cierto alivio sintomático a la artritis, pero no sanarla.

Sistema linfático. En 1932 un matrimonio de terapeutas daneses desarrolló el drenaje linfático manual, a saber un tipo de masaje que se especializa en la desintoxicación y por ende la diuresis. Se estimula la circulación de retorno y la red linfática.

Sistema nervioso. Mejorando la circulación y el aporte de nutrientes, los nervios periféricos también se benefician de esta abundancia.  Los estímulos del tacto, el calor o el frío envían señales al cerebro. El masaje no repara nervios dañados, pero sí se sirve del sistema nervioso para proporcionar al paciente bienestar al invadirlo de sensaciones agradables. Además se pueden conseguir respuestas neurológicas concretas como contracciones, relajaciones o analgesias.

Piel. El masaje arrastra las células muertas de la piel (efecto peeling), estimula la secreción y transpiración, elimina toxinas y previene alteraciones epiteliales. El roce del masaje genera calor y activa la circulación. Una piel nutrida respaldada por músculos sanos gana en tersura, color y luminosidad, y resistirá mejor el paso del tiempo.

Tejido adiposo. O grasa. Las células que acumulan la grasa se llaman adipocitos. Tenemos un número de adipocitos que no suele variar mucho. Ganar o perder peso significa que cambia la cantidad de grasa que guardan en su interior estas células. Con el efecto nutricional y desintoxicante del masaje se favorece la eliminación de líquidos y la reabsorción de grasas. Al sacarlas de los adipocitos y metabolizarlas se consigue un efecto reductor que es un gran compañero de la dieta y el deporte.

Órganos internos. Es muy fácil masajear los intestinos, tan superficiales y accesibles. Con técnicas manuales podemos estimular su función y encargarnos de estreñimiento, alteraciones en los movimientos peristálticos y situaciones similares. En estos casos el masaje obra de una forma muy sencilla, meramente mecánica, empujando en dirección del tráfico intestinal. Pero la influencia del masaje no se limita a los órganos superficiales. Conociendo las redes energéticas del cuerpo, la digitopuntura y la reflexología permiten estimular o calmar cualquier órgano, e incluso glándulas y plexos nerviosos.