viernes, 19 de abril de 2013

Cómo recibir bien un masaje

Todas las escuelas, manuales y masajistas veteranos pueden darnos infinidad de consejos sobre cómo dar un masaje. Pero ¿has pensado alguna vez en cómo recibir bien un masaje? Aunque lo fundamental es la técnica objetiva del masajista, hay unos cuantos factores secundarios que influyen mucho en la calidad general del masaje; y algunos dependen de ti.

Lo normal es que uno se dé un masaje como y cuando pueda, pensando en los niños, el examen, el trabajo o los recibos. Las condiciones ideales serían las siguientes, échales un vistazo e intenta poner en práctica todas las que puedas.

Ponte en buenas manos.
 En primer lugar, y dado que es esencial que estés cómodo, asegúrate de que has elegido bien. Si el
masajista te entra mal por el ojo o no te inspira confianza, busca otro. Hoy día somos muchos y es fácil encontrarnos. Si pretendes confiar tu bienestar a una persona que te pone nervioso, mal negocio. También puede ocurrir que el profesional sea de tu gusto pero su método de trabajo no. Coméntaselo: seguramente tenga alternativas.

 Evita ir a la camilla recién comido, y también si tienes mucha hambre o sed. Hay que ir saciado, normal, sin necesidades y sin ir atracado de un banquete.

 Date una ducha caliente antes del masaje. Te será difícil relajarte si tienes la impresión de que vas a desnudarte y tu higiene no es impecable. Una ducha y alejas esta preocupación. El calor será una buena introducción, ya que empieza a preparar la piel y los músculos para el masaje. (Si además de la ducha puedes disfrutar de una sauna, como en un spa u hotel, mejor aún). Ya que pasas por el baño, vigila que una micción impertinente no te moleste más tarde.

 Ponte cómodo. Ropa floja y elástica. Quítate gafas, colgantes, pendientes y pulseras. Zapatos fuera. Ya sea por dolor fuerte, estrés moderado o mero placer, vas a darte un rato de descanso y descarga. Aprovéchalo.

"Siente, no pienses".
 Relaja la mente. El masaje termina por arrastrar la mente a la calma y el sosiego, pero mejor desconecta el cerebro tú mismo al principio de la sesión. No hables. No pienses, en especial en tareas pendientes o asuntos que te mantengan alerta. Si conoces técnicas sencillas de meditación ponlas en práctica. Céntrarte en tu respiración, en una frase o mantra que te guste, en contar, en la música ambiental..., en cualquier cosa mecánica y repetitiva que te ponga en un estado cercano al sueño. De hecho no pasa nada si te duermes.

 Lógicamente, tampoco te muevas. Sé completamente pasivo. El masajista hará todo lo necesario y si tienes que colaborar en algo, te lo pedirá él. Olvídate del pelo, la ropa o la posición de las extremidades. Si algo no está en su sitio ya te lo dirán.

 Si algo te duele o te molesta, comunícalo. El dolor es indicativo de varias cosas y permite sospechar qué está pasando bajo la piel.

 Cuando finalice el masaje, no saltes de la camilla como si quemara. El masajista no tiene prisa, y tampoco te va a cobrar más por estar unos minutos descansando. Si todo ha ido bien estarás en un estado de profundo reposo con la respiración y el pulso enlentecidos. Toma consciencia del entorno y vuelve a la normalidad poco a poco, empezando por la mente. "Despiértate". Estírate, muévete como quieras y finalmente levántate. No cambies de estado abruptamente, no beneficia a nadie.

Prolonga el efecto del masaje reposando unos minutos.

 Y después del masaje tómate una infusión o un caldo. Es muy probable que haya drenaje y te irá bien reponer líquidos. La temperatura ayudará a reactivar la circulación. Incluso se puede afinar según lo que vayas a hacer después del masaje. Si vas a volver a la actividad elige infusiones estimulantes con ingredientes como té, canela, ginseng o jengibre. Si prefieres continuar con el sosiego opta por tila, valeriana o melisa.