viernes, 12 de abril de 2013

Herramientas I - Ayudas básicas para el masajista

El masaje se da con las manos. Está claro y es categórico, pero queda margen para ciertas herramientas. En esta entrada comentaré un primer grupo de instrumentos variados. Bastará ver la imagen para saber a qué me refiero; son populares y fáciles de encontrar a la venta en tiendas más o menos relacionadas con la salud:


No tienen nombres específicos porque más que herramientas con un claro propósito o diseño, se trata sencillamente de objetos que facilitan el masaje. No son más potentes que las manos en ningún modo ni aportan técnicas o movimientos nuevos, no facilitan el acceso a la musculatura profunda y no tienen propiedades especiales. ¿Por qué son populares entonces?

Fácil: son cómodos, simples y baratos.

Gancho para automasaje.
Cualquiera puede usar estos aparatos en casa, sin la menor noción de masaje, siguiendo unas sencillas instrucciones que adjunte el artículo o la mera intuición. Es prácticamente imposible hacerse daño con ellos y proporcionan una suave y agradable sensación de relax. Con un poco de práctica y persistencia se puede conseguir una descarga real en los tejidos superficiales poco congestionados.

Para los terapeutas, el gran atractivo de estos artilugios es que pueden reemplazar a las manos. Si uno tiene fatigadas o lesionadas algunas articulaciones (típicamente pulgar y/o muñeca), el uso de ayuda instrumental evita que se agrave el problema y permite que se vaya recuperando. A veces conviene incluso como prevención. Si al final de la jornada llega una espalda revientamanos más vale curarse en salud. Unas presiones intensas a un jugador de rugby o un levantador de pesas pueden dejar las manos temblando. Conociendo los movimientos, cómo y dónde aplicarlos, estas ayudas son tan eficaces como los dedos en algunos casos, sobre todo en presiones y amasamientos.

Están fabricados en materiales económicos, seguros y duraderos: madera, plásticos de buena calidad, resinas o cuerno es lo más habitual. Es una inversión mínima que vendrá bien en todas las consultas y maletines de visita.

Tienen dos inconvenientes. El primero es de imagen. Según de qué herramienta hablemos puede parecerte poco serio que un masajista titulado y profesional se ponga a tratarte con los cacharros que viste la semana pasada en la feria a 5€. La verdad es que no es poco serio: importa la técnica y la formación del masajista, no los medios que utilice. Se dan masajes con cañas de bambú, piedras, sales, bolsas de hierbas y hasta cáscaras de coco y conchas de moluscos.

Terapeuta utilizando
ayuda instrumental.
El otro problema es más interesante. Al no haber un contacto directo entre las manos y el paciente, puede ser difícil saber exactamente cuánta fuerza se está aplicando. Esto se observa con el tacto y por la respuesta de los tejidos. Las manos son los ojos del masajista, y cualquier cosa que se interponga nos resta percepción.