viernes, 3 de mayo de 2013

Rompiendo mitos I - El masaje tailandés

Tailandia es famosa por la hospitalidad de sus gentes (si estás de visita) , su comida y sus masajes. Este país mantiene unas costumbres muy difíciles de aceptar para los occidentales. Machismo grave, violencia, alta criminalidad… y prostitución, claro.

Un estiramiento. Parece cómodo, ¿eh?
El antiguo reino de Surinam se ha convertido en uno de los destinos por excelencia del turismo sexual. El dinero extranjero es bienvenido. No se persigue a las prostitutas, a los proxenetas ni mucho menos a los clientes, que lamentable pueden acceder con facilidad incluso a niños. Teniendo como tienen tradición de masajes era de esperar que las cosas se mezclaran, como ocurrió en Japón con las geisha tras la Segunda Guerra Mundial.

Hoy día hablar de “masaje tailandés” tiene a menudo connotaciones eróticas. En todo el primer mundo florecen locales que ofrecen un masaje general relajante más o menos profesional seguido de relaciones sexuales de pago o "final feliz". La industria pornográfica tiene mucho que ver en la difusión de esta versión adulterada. En el mejor de los casos esta actividad se anuncia como “masaje tailandés no tradicional”.

Es triste e injusto que hayamos llegado a esta confusión. El masaje tailandés es una de las terapias que implementa la medicina tradicional tailandesa, regulada por el Ministerio pertinente y catalogada y respetada en el conjunto de medicinas alternativas.

Estiramiento de los psoas
y desbloqueo de la cadera.
Tanto el masaje como toda la medicina tradicional tailandesa se remontan  al que se dice que fue médico de Buda, hace unos 2.500 años, Shivago Komarpaj. Este médico fusiona el Ayurveda, la medicina tradicional china y las prácticas curativas de los pueblos tailandeses. Establece una medicina formal y propia del reino con las disciplinas principales de fitoterapia, herbología, masaje y prácticas espirituales. En el siglo XIX se revisan y sintetizan sus viejos textos y vuelven a refundirse con las evoluciones rurales, y aquí nace la medicina tradicional tailandesa que se practica hoy.

El masaje tailandés o nuad bo rarn no tiene nada de erótico. Se practica con el paciente vestido, generalmente sobre un futón o una esterilla en el suelo. Este masaje es de los más duros y agresivos que existen, pudiendo llegar a ser intolerable si el paciente no está en excelente forma física. Conlleva tal esfuerzo que el propio terapeuta debe hacer calentamiento antes del masaje.

Acción osteopática sobre la rodilla. Obsérvense
los "pantalones de pescador" de la terapeuta; son ya
una especie de icono del masaje y el yoga nacional.
Se hace un trabajo general osteomuscular para poder pasar a los rasgos más característicos de este masaje: las movilizaciones, los estiramientos y las presiones. Grosso modo viene a ser una mezcla de yoga y shiatsu. Se pone énfasis en la respiración y se fuerza al paciente a posiciones límite. Fuera de Tailandia se dulcifica radicalmente. En Occidente no tenemos asimilado el concepto de “sufrir” para sanar. Si el masaje chino tui-na ortodoxo es molesto, el tailandés es peor. Preguntad a alguien que haya viajado a Tailandia y haya probado las manos de un masajista nativo cuántos minutos resistió.

Hijo de los sistemas indio y chino, el masaje tailandés es también un masaje energético. Al igual que sus mayores la medicina tradicional tailandesa contempla un sistema de energía vital —lom; el qi chino y prana indio— que circula por unos canales en el interior del cuerpo —sen; jing en China y nadis en la India, conocidos aquí como meridianos. La enfermedad se entiende como una obstrucción en estos canales. En el paradigma tailandés hay 72.000 meridianos, siendo principales diez de ellos. Las similitudes con los modelos chino e indio son sólo superficiales.

Espectacular estiramiento y desbloqueo espinal.
Estos sen por los que circula la energía se desbloquean en puntos concretos mediante fuertes presiones con los dedos, los codos, las palmas de las manos, los antebrazos y los pies. En su reflexología podal son muy características las herramientas de madera.

El resultado es un profundo descanso y una mejora notable de la movilidad. Merece la pena la “tortura”, que de todas formas rara vez disfrutarás fuera de Tailandia. El masaje tailandés se practica en todo el mundo con mucha más mesura, sin llegar nunca a causar dolor.