miércoles, 12 de febrero de 2014

Busca las siete diferencias

El viejo y desdentado maestro Shouri se sentó en la piedra cruzando las piernecillas y miró a sus discípulos. Jovial, casi malévolo, rió entre dientes y los desafió.

—¡A ver! ¡Decidme las diferencias entre estas tres aseveraciones!

El maestro cogió aire y cerró los ojos.

—La oscuridad llama a la oscuridad. Si os ensombrecéis se contraerá vuestra aura, descenderá vuestra frecuencia vibracional y, por afinidad, atraeréis energías y entes de baja vibración, muy densos, oscuros, malignos, y os cargaréis de sufrimientos.

Los discípulos rieron entre dientes y se miraron unos a otros. Sin duda era una broma del maestro. El venerable Shouri murmuró cosas ininteligibles un momento y volvió a hablar:

—La negatividad es mala para la salud. Algo tan simple como un pensamiento negativo es capaz de acidificar la sangre y mermar el sistema inmunológico. Cuerpo y mente son uno y si tu mente se deprime, deprimirá a tu cuerpo y sobrevendrá la enfermedad.

Los discípulos atendían, circunspectos. Esas cosas no tenían sentido, no era más que un galimatías pseudocientífico de charlatanes y curanderos. El flaco anciano tosió un par de veces y habló de nuevo:

—Un movimiento cognitivo de tipo miedo, ansiedad o preocupación desencadena desde el hipotálamo una respuesta de lucha o huida; las suprarrenales liberan adrenalina y se activa el sistema simpático, el corazón late más deprisa, los músculos se contraen, la respiración se acelera y los sentidos se ponen alerta. A esto se le llama estrés y, de prolongarse en el tiempo, pasa de ser una respuesta biológica positiva a un rasgo patológico que deriva en diversas afecciones físicas y psíquicas.

Los discípulos, asombrados y reverentes, se inclinaron varias veces ante la sabiduría del maestro y se alegraron de ser sus aprendices.

El zen del Tigre Blanco,
Ed. Water Street.