miércoles, 5 de abril de 2017

Entender dónde estás, según los chakras

Los hombres, cada ocho años. Las mujeres, cada siete. Estos son los tiempos evolutivos, los momentos en que una ráfaga de energía Jing inunda un chakra y el individuo se enriquece, descubriendo y desarrollando nuevos aspectos y habilidades de su ser.



Muladhara. Ser.
 Desde que nací hasta los ocho años me dediqué a arraigar en el mundo. Comer, dormir, descubrir, aceptar que este mundo es entretenido y vale la pena pasar una temporada aquí. Me hice sólido y contundente como un buey. Algunas caras iban y venían y otras permanecían. Ante el dolor, el miedo o la duda siempre hubo una, la de mi madre, con un gesto de apoyo y ánimo. Me convertí en una personita con sus pequeños y grandes traumas, manías, ajustes creativos y problemas para resolver más adelante pero, en general, sin miedo a vivir.



Svadishthana. Hacer.
De los ocho a los dieciséis descubrí mi poder creativo. Podía coger trozos de la existencia, material o inmaterial, destruirlos y recombinarlos de maneras nuevas. Dibujo. Escritura. Formas nuevas de resolver problemas viejos. Nuevas maneras de pensar, respecto a lo que conocía o me habían enseñado. Nuevas maneras de sentir. De comer. Incluso de moverme. Pinté figuras y dioramas. Empecé a pensar en objetivos y crear maneras de alcanzarlos. Me volví fértil.



Manipura. Elegir.
De los dieciséis a los veinticuatro me sentí cansado y hastiado de la vida escolar. Completé de mala gana unos estudios. Fracasé y abandoné otros. Volví a estudiar, cosas nuevas, cosas "útiles y prácticas" que me "garantizaban" un trabajo y un salario. No funcionó (por suerte). Dije basta. Yo me abriría un hueco en la vida igual que se lo abre todo el mundo. A pesar del fracaso académico. A pesar de la mala autoimagen. Me eché novia. Empecé a estudiar lo que realmente quería aprender, sin preocuparme de si eso me daría trabajo o no.



Anahata. Amar.
Ahora tengo casi 32. Mi novia se convirtió en mi mujer. Trabajo echando una mano a la gente que la necesita. Como es muy fácil sentir amor y compasión por el cónyuge y por gente a la que ayudas en un proceso de dolor, la vida me envió una de las criaturas más difíciles de amar: una hijastra; con la que he aprendido. Ya no quiero ganar, ya no quiero tener la razón, ya no quiero ser más que el resto o imponerme victorioso.



Vishuddha. Decir.
A punto de pasar al ciclo siguiente, cada vez veo más cerca el momento de transmitir, hablar para los que quieren oír y compartir experiencias.


¿Y tú? ¿Estás en tu tiempo?